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Notas sobre Fiesta de ánimas · Museo Amparo

El re-montaje de Fiesta de ánimas, obra de Paloma Contreras Lomas, en el Museo Amparo en noviembre de 2025 continúa un patrón que se ha estado formando en museos mexicanos desde hace varios años. Una lectura de la pieza y su contexto sugiere qué puede indicar el patrón sobre la relación entre obra sonora y programación institucional.

Primero la atribución, porque de rutina se colapsa. Fiesta de ánimas (Salmos nocturnos) es una obra de Paloma Contreras Lomas: una lectura performática de unos treinta y cinco minutos, estructurada en formato de TED Talk, sobre la muerte y la violencia en México. El score electrónico en vivo es de Zutzut, construido a partir de los capítulos que ella escribió. Es una colaboración con dos autorías distintas, no una pieza musical con una sede encima, y la distinción importa para cualquier cosa que uno quiera concluir de ella.

Se ha montado dos veces. El 26 de junio de 2024 en el Palacio de la Escuela de Medicina de la UNAM, en el patio de columnas, comisionada por el Museo Jumex con la UNAM como parte de Noche de Museos. Después, el 15 de noviembre de 2025 en el Museo Amparo de Puebla, en colaboración con Temblores Publicaciones. El score del primer montaje se publicó de forma independiente dos semanas más tarde, como Música Para Fiesta De Ánimas (Salmos Nocturnos).

La programación de museos que incorpora sonido a esta escala se ubica en un linaje específico. Se remonta a los experimentos sonoros del siglo veinte y se proyecta hacia lo que instituciones como Ex Teresa Arte Actual han estado formalizando desde los noventa. La decisión del Museo Amparo de programar la obra dentro de un marco de arte contemporáneo, y no en uno etnográfico o musicológico, la posiciona distinto a como lo haría una institución de folklore. El título apunta hacia una relación vernácula mexicana con los muertos; la obra en sí no es una recreación de ella.

La elección de sede importa. El Museo Amparo ocupa edificios coloniales contiguos en el centro histórico de Puebla y alberga colecciones prehispánicas y virreinales a lo largo de sus pisos. Montar una obra performática contemporánea con score electrónico en vivo en ese contenedor es colocarla en las mismas salas que varios siglos de material cultural. La pieza no comenta las colecciones. Ocupa el mismo espacio físico que ellas.

Lo que el re-montaje sugiere sobre la relación futura entre obra sonora y programación institucional no está resuelto. Dos posibilidades. La primera es un momento curatorial temporal: el interés alcanza pico, se comisionan algunas piezas, la atención se desplaza. La segunda es un cambio estructural, donde la obra sonora se vuelve una dimensión recurrente de la programación de museos contemporáneos en México, con líneas de presupuesto dedicadas y relaciones de largo plazo entre instituciones y productores.

La evidencia disponible a mediados de 2026 se inclina ligeramente hacia la segunda. Cuatro instituciones mexicanas programaron obra con score electrónico comisionado dentro de la misma ventana de tres años: Palacio de la Escuela de Medicina, Ex Teresa Arte Actual, Museo Anahuacalli y Museo Amparo. Las comisiones no se concentraron en una sola institución; emergieron como patrón distribuido, y los patrones distribuidos tienden a ser más durables que los concentrados.

Dos cosas debilitan esa lectura, y ambas hay que decirlas. Las comisiones se agrupan alrededor de una relación curatorial y no de cinco independientes, lo cual es una base más delgada de lo que sugiere el conteo de instituciones. Y el registro público es inconsistente: varias de estas exposiciones fueron reseñadas sin que el crédito sonoro apareciera en ningún lado de la cobertura. Un patrón que no queda escrito es difícil de sostener y fácil de perder.

Los próximos doce meses aclararán cuál lectura era la correcta.